miércoles, 24 de febrero de 2010
Escuchar el silencio de tus labios y los gritos de tus ojos. Que me comprendas sin preguntar, y que me preguntes cuando no haya dudas. Que me invadas a retóricas y nos ahorremos las respuestas. Gritarle a Febrero que deje ya de llorar. Y pedirle que me abraces sin un porqué. Conocerte de nuevo. Que me beses por primera vez. Que me recites poesía con la mirada. Pausado. Sin prisa. Sin tiempo. Marcando el ritmo con las pupilas. Describiendo cada verso con el brillo de tus ojos. Y me sostengas la mirada. Y me rinda ante la tuya. Tú ganas… Que me regales una flor sin olor y me perfumes con palabras. Que enmudezcas a media frase, y valoremos el silencio. O no; mejor que sigas. Si, mejor. Pero que no tenga sentido lo que estés diciendo. Y que nos dé igual. Y que nos haga gracia. Que decidamos improvisar. Que nos volvamos locos, si es que no lo hemos estado ya.
Era un día de lluvia. Apenas se oía el repiqueteo de la lluvia contra los cristales. Rick Ross a toda ostia en el salón. Me dirigí a coger una taza de té y el paquete de Marlboro, parecía mentira pero era mejor estar sola esos días. El día anterior me dispuse a ir por las aglomerantes calles de las ramblas, allí me sentía bien, mucha gente, diferentes personalidades, diferentes maneras de pensar, de ver, era todo distinto. Pero ese día caía una fuerte lluvía y apenas se veía gente, esa bajada era triste, melancólica, y lo único que hice fue quedarme sentada debajo de un portal. No sabía qué era lo que me ocurría, pero algo tenía que ser...
Tengo miedo a los altibajos, a los baches. Tengo miedo a lo desconocido, pero me despierta la curiosidad. Tengo miedo a la oscuridad, pero siempre hay una pequeña luz que lo deja ver todo. Le tengo pánico a las despedidas, pero aún más a las distancias. Le tengo envidia a toda aquella persona que lo sabe todo, pero en verdad la admiro
Tengo miedo a los altibajos, a los baches. Tengo miedo a lo desconocido, pero me despierta la curiosidad. Tengo miedo a la oscuridad, pero siempre hay una pequeña luz que lo deja ver todo. Le tengo pánico a las despedidas, pero aún más a las distancias. Le tengo envidia a toda aquella persona que lo sabe todo, pero en verdad la admiro
Caminaban sin rumbo fijo, a la espera de un sentimiendo oculto entre la brisa marina de aquel atardecer. A cada paso que fijaban, los problemas caían unos destrás de otros, quedando así enterrados bajo la arena, toda clase de malentendidos entre ambos. Se embarcaban en una nueva vida, llena de esperanza y optimismo, de ilusión por compartir, de amor por concebir.
Cada vez que él la miraba, se podía prever como la devoraba con miradas. Ella se sentía atónita, a la vez que aquel resplandor que quedaba del dulce atardecer relampagueaba contra su rostro, entreviendo una tímida sonrisa por su parte y un intenso brillo en sus ojos.
Con el paso del tiempo, él aprendería pequeños detalles e ilusiones de ella, y ésta compartiría sus mas bellos momentos junto a él. Ambos descubrirían un pequeño pretexto para vivir, un pequeño y dulce sueño con el que reestablecer sus vidas desembarcando todo lo pasado y vivido y dejando entrar a lo nuevo, como si fuera una pequeña y miserable excusa para ser felices.
Cada vez que él la miraba, se podía prever como la devoraba con miradas. Ella se sentía atónita, a la vez que aquel resplandor que quedaba del dulce atardecer relampagueaba contra su rostro, entreviendo una tímida sonrisa por su parte y un intenso brillo en sus ojos.
Con el paso del tiempo, él aprendería pequeños detalles e ilusiones de ella, y ésta compartiría sus mas bellos momentos junto a él. Ambos descubrirían un pequeño pretexto para vivir, un pequeño y dulce sueño con el que reestablecer sus vidas desembarcando todo lo pasado y vivido y dejando entrar a lo nuevo, como si fuera una pequeña y miserable excusa para ser felices.
Miedo

Una taza de café, unas cuantas hojas en blanco, un bolígrafo y un par de mantas tiradas por encima. Empiezo a escribir, pero parece que no me sale ni una miserable letra. Incluso en este momento sigo sintiéndome como hace un tiempo, aturdida por el pánico, por el miedo, por el dolor. A veces me gustaría desaparecer por un tiempo, irme lejos, muy lejos, donde nadie me encontrara, un sitio donde solo estuviéramos tu sonrisa y yo, un sitio, en algún lugar del mundo, en cualquier rincón de la más diminuta ciudad, donde pudiera ser quien soy, quien quiero ser. Pánico, miedo, opresión, angustia... Me siento como si estuviera dentro de una caja con miles de vueltas de un precinto casi irrompible, al que nadie puede hacer un simple corte y que se desprenda, el que ni yo misma puedo deshacerlo, pero sin embargo, tú si podrías, tu harías que todo este pánico que siento desapareciera, se esfumara con el viento, desapareciera con la lluvia y se extinguiera en la nieve. Cada historia tiene su comienzo y su final, pero yo haré que ésta, acabe con un para siempre.
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