Caminaban sin rumbo fijo, a la espera de un sentimiendo oculto entre la brisa marina de aquel atardecer. A cada paso que fijaban, los problemas caían unos destrás de otros, quedando así enterrados bajo la arena, toda clase de malentendidos entre ambos. Se embarcaban en una nueva vida, llena de esperanza y optimismo, de ilusión por compartir, de amor por concebir.
Cada vez que él la miraba, se podía prever como la devoraba con miradas. Ella se sentía atónita, a la vez que aquel resplandor que quedaba del dulce atardecer relampagueaba contra su rostro, entreviendo una tímida sonrisa por su parte y un intenso brillo en sus ojos.
Con el paso del tiempo, él aprendería pequeños detalles e ilusiones de ella, y ésta compartiría sus mas bellos momentos junto a él. Ambos descubrirían un pequeño pretexto para vivir, un pequeño y dulce sueño con el que reestablecer sus vidas desembarcando todo lo pasado y vivido y dejando entrar a lo nuevo, como si fuera una pequeña y miserable excusa para ser felices.
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