miércoles, 24 de febrero de 2010

Era un día de lluvia. Apenas se oía el repiqueteo de la lluvia contra los cristales. Rick Ross a toda ostia en el salón. Me dirigí a coger una taza de té y el paquete de Marlboro, parecía mentira pero era mejor estar sola esos días. El día anterior me dispuse a ir por las aglomerantes calles de las ramblas, allí me sentía bien, mucha gente, diferentes personalidades, diferentes maneras de pensar, de ver, era todo distinto. Pero ese día caía una fuerte lluvía y apenas se veía gente, esa bajada era triste, melancólica, y lo único que hice fue quedarme sentada debajo de un portal. No sabía qué era lo que me ocurría, pero algo tenía que ser...
Tengo miedo a los altibajos, a los baches. Tengo miedo a lo desconocido, pero me despierta la curiosidad. Tengo miedo a la oscuridad, pero siempre hay una pequeña luz que lo deja ver todo. Le tengo pánico a las despedidas, pero aún más a las distancias. Le tengo envidia a toda aquella persona que lo sabe todo, pero en verdad la admiro

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