miércoles, 10 de marzo de 2010

A cuatro mil revoluciones por minuto el corazón del chico se abalanzó sobre ella. Entonces no solo la vio, sino que la miró. Sus pestañas permanecían firmes y sus labios temblaban sin saber que decir. ¿Sería ese el momento adecuado para besarla? Nadie lo sabe, pero lo hizo. En un instante saltó la chispa que les encendió como el sol de verano. Sentían sus cuerpos bailar al son de los latidos y se hicieron grandes a ellos mismos. Él se apartó y la miró por séptima vez. Pensó que eso era algo tan grande que podría haberse multiplicado por diez y no haber estado tan feliz. Suerte que ella tenía sobre él un poder aún más extraño, podía hacerle perder la noción del tiempo y volver a ese mismo instante buscando un recuerdo.

A cuatro mil revoluciones por minuto ella pudo ver como el corazón del chico se le abalanzaba. Entonces no solo le vio, sino que le miró. Incluso mas allá. Intentó observar dentro de él y descubrir lo que aún no había descubierto. No hizo falta. Pestañeaba nerviosamente en exceso. Inquieta. Asustada. Ansiosa. Sin prisa. Sin tiempo. Paciente e impaciente a la vez. Sus labios temblaban sin saber que decir. Quizá tampoco hacían falta palabras.

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